
El Carlino es un moloso en miniatura de hocico aplastado y cuerpo colosal. De impecable armonía, considerando su reducido tamaño, es una de las razas más antiguas, remontándose sus orígenes a más de tres mil años.
El Carlino es un moloso en miniatura de hocico aplastado y cuerpo colosal. De impecable armonía, considerando su reducido tamaño, es una de las razas más antiguas, remontándose sus orígenes a más de tres mil años. Los carlinos se crían desde la época de la dinastía Chang (1751-1111 a. de C.). En la China imperial era muy apreciado y llegó a ser considerado como un exquisito regalo de bodas para personajes importantes, como príncipes y mandarines. Se criaba en las ciudades sagradas de los eunucos, en las que había espacios dedicados especialmente al cuidado de estos perros.
Existe cierta controversia respecto a su llegada a Europa. En España apareció a finales del siglo XV en la corte de la reina Isabel importado de Portugal, ya que en aquella época este país mantenía unas estrechas relaciones con Extremo Oriente. Por este motivo hay quien cree que el Pug llegó a la península ibérica antes que a otros países europeos, aunque algunos autores sostienen que Holanda fue el primer país donde se conoció esta raza. Argumentan que fue la Compañía Holandesa de las Indias Orientales la primera en importar bellísimos ejemplares de Carlinos a los que llamaron "mopshond".
Temperamentalmente, es un perro que a pesar de su carácter imperial y su expresión de enfado, se muestra siempre afectuoso y disponible. Convive estupendamente con niños, ya que al mostrarse cálido, suave y vivaz, su presencia resulta a la vez estimulante y tranquilizadora. Es un perro que ama el contacto físico con el hombre. Pertenece a una especie muy sociable, rica en signos de comunicación y de una sorprendente expresividad. A pesar de su reducido tamaño, es fuerte y sólido y por ello no ofrece la imagen de fragilidad de otros “toys” (termino utilizado para denominar a los perros de compañía de pequeño tamaño).
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